Gaitas para hacer hallacas: gaitas para cocinar y cantar en familia
Hacer hallacas es trabajo de todos: uno corta, otro amarra, otro canta. Estas son gaitas nuevas para esa mesa llena de hojas, con furro, cuatro y un coro de pueblo que responde.
Cada gaita trae letra completa y video para que la cantes mientras amarras. Suscríbete gratis a Santo Ruidos en YouTube y comparte la cocina con quien está lejos.
Una gaita por cada paso de la hallaca
Mientras se limpian y cortan las hojas, algo con ritmo parejo. Para el guiso, una gaita que se deje cantar con las manos ocupadas. Para amarrar, la del coro más pegajoso, porque ahí todos cantan al mismo tiempo.
Una buena tarde de hallacas dura horas: deja el video con la letra en la pantalla de la cocina y que cada quien se una cuando llegue al coro.
Cómo se arma una tarde de hallacas con música
La hallaca lleva masa de maíz, guiso, aceitunas, pasas y alcaparras, todo envuelto en hoja de plátano y amarrado con pabilo. Entre tanta mano ocupada, la música marca el ritmo: nadie quiere parar de amarrar cuando llega el coro.
Si cocinas lejos de casa, pon el video con la letra y llama a la familia: cantar la misma gaita al mismo tiempo, aunque sea por videollamada, también es una forma de juntar la mesa.
Una lista de gaitas por tiempos de cocina
Para amasar y picar conviene una gaita de ritmo parejo; para el armado, una de coro largo que se cante entre varios; y para amarrar, la que más risa o rabia sana nos dé. Así la música marca el trabajo.
Deja la letra abierta en el teléfono, lejos de la masa, y que cada quien tome un verso. La tarde de hallacas rinde más cuando se canta.
Hallacas lejos de casa: cuando falta el plátano o la hoja
Fuera de Venezuela cada hallaca es una pequeña misión: la hoja de plátano se busca congelada en tiendas latinas, el pabilo se sustituye por hilo de cocina y la harina de maíz precocida se guarda desde octubre. Nada de eso quita lo importante, que es la mesa llena y la voz de la familia.
Si armas las hallacas en Madrid, Miami o Bogotá, mándale a tu gente allá la gaita que suena en tu cocina. Escucharla a la vez, cada quien con sus manos en la masa, hace que la distancia pese un poco menos.
La mesa larga y las manos sucias de onoto
Armar hallacas deja el delantal manchado de rojo y los dedos con olor a hoja de plátano. En esa fila de producción cada cual tiene su puesto: el guiso, la masa, el tendido, la tira de pabilo.
Las canciones sirven de reloj. Una pieza larga alcanza para extender cinco hojas; una corta marca el ritmo del amarre. Quien lleve la cuenta de las hallacas hechas puede anotarla con tiza en la pared.
Cuando por fin se meten a hervir, la cocina se calma y es el momento de poner la más coreada, con el vapor en las ventanas y todos sentados a esperar.